Síndrome de burnout
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Smart Coach Publico el 19 enero 2018

El testimonio de un dentista que padece del Síndrome de Burnout


Categorias: Estrés laboral

 “Fui diagnosticado hace apenas tres semanas, pero tengo los síntomas desde más de seis meses. Pensé que podía resolverlo solo, pero no pude”. El dentista de 27 años, a quien llamaremos Francisco, lo admite: “Sí, tengo el Síndrome de Burnout”.

También conocido como síndrome de desgaste profesional o síndrome del quemado, el Síndrome de Burnout es descrito por Maslach como una forma inapropiada de afrontar el estrés crónico, y que puede traer consigo disminución del desempeño laboral. Por otra parte, y basado en diferentes autores, Anabella Martínez, Profesora asociada de Psicología Social de la Universidad de La Rioja, lo define como una respuesta al estrés crónico en el trabajo (a largo plazo y acumulativo), con consecuencias negativas a nivel individual y organizacional, y que tiene peculiaridades muy específicas en áreas determinadas del trabajo. 

“Sabía que estaba estresado, pero no sabía con exactitud que se trataba de esto. El estrés era somatizado a través de dolores de cabeza, problemas para dormir, desánimo, cansancio e irritabilidad. Confieso que me levantaba como ‘zombie’ y durante el día solía hacer las cosas como en modo automático. Algunos días solo dormía dos o tres horas”, admite el cirujano dentista, quien tiene dos trabajos y además realiza un posgrado. “Mi vida laboral es de aproximadamente 65 horas semanales, pero además sigo haciendo algunas actividades en mi casa por falta de tiempo”.

A pesar de que existen varias causas a través de las cuales se puede desencadenar este Síndrome, como el empleo inestable, elevadas responsabilidades o situaciones de peligro en el trabajo, en el caso de Francisco se debe a la carga laboral, que viene dada por la cantidad de horas que trabaja con un solo propósito: obtener más ingresos.

“Uno trabaja por dinero y cada vez adquiere más compromisos. A pesar de que entendía que una de las soluciones más rápidas era trabajar menos, ya no podía porque tenía que hacerme cargo de mis deudas. Me acostumbré a ganar cada vez más, sin tener conciencia de que esto me afectaría más adelante”.

¿Y en lo personal? Francisco también padeció las consecuencias de un problema relacionado con el manejo de las dificultades de la vida, que, a pesar no ser reconocido dentro del Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales, algunos países sí lo catalogan como una enfermedad, en el que las relaciones interpersonales se ven afectadas.

“Obviamente pocas personas querían estar conmigo. Me volví ‘pesado’ (poco amable), y esto afectó el trato con mis compañeros, amigos y hasta con mi pareja. Lo que padezco ha hecho que me aleje de muchas personas”. Luego de ser diagnosticado, Francisco tuvo una licencia de dos semanas. Ya retomó su rutina en la que se levanta desde la 7:00 de la mañana para ir a la universidad, al salir le da tiempo de almorzar antes de entrar a su primer trabajo de 2:00 a 4:00 de la tarde. En el siguiente empleo le toca a las 5:00 y puede prolongarse hasta las 8:00 o 9:00 de la noche. Al llegar suele terminar algunos pendientes, antes de intentar dormir. ¿Cuál es la diferencia? Que ahora toma antidepresivos y mantiene visitas con cierta frecuencia al psiquiatra a causa de la presión laboral a la que se sometió.

El caso de Francisco es mucho más común de lo que parece. Quizá no por las causas que lo llevaron a esto, sino porque reconoció un problema que pudo haber tratado con más anticipación y porque es el reflejo de la realidad de miles de personas que se encuentran agobiadas, estresadas, y hasta enfermas en sus actuales empleos. “Solo puedo decir que, si alguien tiene algo parecido, se siente atrapado o sobrepasado con todo lo que ocurre en su vida, que pida ayuda. Es bueno hacerlo”, concluye el dentista, quien reconoce que ha mejorado con el tratamiento, pero que aún tiene algunas recaídas.

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